En el último partido de un 2009 para el olvido, River jugó el mejor encuentro de la era Astrada, venció a Tigre por 2 a 0 y logró algo imposible hasta el momento ¡Ganó dos partidos seguidos!En la etapa inicial, River fue muy superior al rival y mereció irse al descanso con más ventaja. Un tiro libre de Abelairas que Islas despejó muy bien al córner, un cabezazo de Funes Mori que se fue por arriba del travesaño, fueron algunas de las chances que dispuso River para abrir el marcador. Pero antes de que finalice el primer período, a los 47 minutos, el centrodelantero juvenil, que minutos antes había tenido un mano a mano que tapó el arquero local, tuvo su revancha: Centro desde la derecha de Diego Barrado, el pibe se eleva sobre su marcador, Damián Leyes, y mete un testazo cruzado para poner el 1 a 0 parcial ¡Hace cuanto no metíamos un gol de cabeza!. Como era su primer tanto con la camiseta "Millonaria", se sacó la casaca para festejar, lo amonestaron, e inmediatamente el árbitro pitó el final de los primeros 45 minutos.
En el segundo tiempo, Tigre, que a esa altura ya parecía un simple e indefenso gatito, hizo muy poco para empatar y River lo apabulló logrando el 2 a 0 y mereciendo más. Apenas comenzó el complemento, Buonanotte hizo una jugada individual muy buena pero la definió mal pegándole por arriba del travesaño. Minutos más tarde, Abelairas disparó muy sutilmente desde afuera del área e Islas no tuvo incovenientes para retener el balón. A los 13 minutos, tiro libre a favor del "Millonario", el "Enano" decide patearlo y la clava al ángulo, para que al arquero le sea imposible llegar¡Belleeeza nene! Luego del gol, River dispuso de tres situaciones más para ampliar el resultado, pero las desaprovechó: La primera fue un disparo de Barrado desde 30 metros, que intentó picarla y se le fue un poco desvíada. La segunda fue de Buonanotte que, luego de enganchar para adentro, pateó pero la atajó Islas. Y la tercera y última jugada del partido, llegó luego de un pase magistral de Mauro Díaz, que había ingresado por Ortega a los 37 minutos, Bou (entró a los 86 por Funes Mori) quedó sólo con el guardameta local pero le pegó mal y la pelota se fue muy lejos ¡Mi abuela le pega mejor querido!.
Por su parte, Tigre tuvo dos situaciones claras para descontar pero no tuvo suerte: Un disparo de Ramiro Leone desde afuera del área que Vega despejó al córner de manera brillante (¿Hace falta un arquero para el 2010?) y un disparo de Jonathan Blanco, tras una jugada individual muy buena, que pegó en el palo.
Con esta victoria, River ganó por primera vez en el torneo dos partidos en forma consecutiva (no lo lograba desde la segunda y tercer fecha del Clausura 2009), y terminó en la posición 13 con 21 puntos. Las últimas actuaciones del equipo hacen que los hinchas se ilusionen para el 2010. Cambiando algunas cosas (demasiadas mejor dicho) y comprando bien, se puede pelear y hasta ganar el Clausura del próximo año, como manda la historia Riverplatense. Olvidemos lo que pasó y pensemos en lo que vendrá. Ojalá estos buenos augurios se hagan realidad.
















Sin delantero de área, River fue ampliamente superior a su rival durante todo el primer tiempo y mereció irse al descanso con más de un gol de diferencia ¡Abelairas sos más zurdo que el Ché Guevara!. Boca salió muy asustado y la única que tuvo en la etapa inicial fue un disparo de media distancia de Ariel Rosada que pasó muy lejos del arco de Vega. En cambio la "banda" arrancó con todo, y ya a los seis minutos tuvo la primera: Buonannotte le mete un pase genial a Domingo, y éste le pega muy cerca del palo de Abbondanzieri ¡Ay nene si entraba esa!. Luego, el partido estaba trabadisimo en la mitad de la cancha y nadie llegaba con claridad al arco contrario, hasta que a los 25 minutos el "enano" baja el balón ¡Dos veces! con la mano dentro del área a lo Fillol ¿es arquero o volante éste muchacho?, el árbitro no lo ve, y posteriormente el lateral izquierdo rival, Monzó, se lo lleva puesto al chiquitín de voz aflautada, como un camión a un triciclo, y Laverni cobra ¡Penal!. En ese momento muchos hinchas riverplatenses que estaban en la cancha, siguiendo el partido por televisión, o con la radio pegada al oído, miraron al cielo y le suplicaron a Dios que esa pelota entrara. Gallardo va a patear desde los doce pasos pero Ortega embaladisimo le pide que por favor se lo deje patear a él. El "muñeco" generoso como siempre (ya le había dejado por voluntad propia la camiseta con el número diez en la pretemporada) se lo cede. Ariel toma infima carrera, le pega más suave que una brisa de verano al palo izquierdo del arquero, y el "Pato" se adelantó como un auto de Fórmula uno, ¡Line-man como no vas a ver eso!, y tapó el penal como en sus mejores épocas (hace mucho). Con los antecedentes que tiene este equipo y como se llegaba al derby, todos creían (me incluyo), que era la única chance clara que iba a tener River para convertir, pero no fue así. Tres minutos después de la masita del "Burrito", nueva falta a Bounannotte y el juez cobra tiro libre. Abelairas se para frente a la pelota junto a Gallardo y el "muñeco" le dice al zurdo que se tiene fe para pegarle como en el primer superclásico. Los múltiples recuerdos de la gente eran inevitables ¿como no volver a imaginarse gritando otra vez como en "La bombonera"?. Mismo ejecutor, distancia casi igual e idéntico deseo: que ese balón entrara como sea, como aquel 19 de abril. Y así fue, ese derechazo delicioso se clavó al ángulo del "Pato" (a partir de ahora ve un muñeco y llora) como si el tiempo no hubiese pasado, como si el Mesías se reencarnara en él, cuyo grito de agradecimiento se escuchó en todo el país, "Muñeeeeco, muñeeeeeco". 


















